1. CUALQUIER EMPLEO ES MEJOR QUE NO TENER EMPLEO
En realidad, el objetivo no consiste meramente en crear puestos de trabajo, sino en la creación de puestos de trabajo de calidad aceptable. En todos los rincones del mundo existe actualmente el concepto de empleo decente, pero para los trabajadores/as la calidad de un empleo tiene diversos significados. Puede estar relacionada con el salario, con los derechos, con distintas formas de trabajo y diferentes condiciones de trabajo, además de incluir el sentimiento de valor y satisfacción. Es esencial establecer políticas capaces de crear empleos donde los derechos de los trabajadores/as sean respetados de manera que puedan obtener los salarios, las condiciones, la protección social y la satisfacción que desean.
En el mundo del trabajo hoy en día lo que hace falta es crear sistemas sociales y económicos que garanticen una seguridad básica, una remuneración adecuada y empleo, al tiempo que sean capaces de adaptarse a circunstancias cambiantes en el mercado laboral. Un trabajo que ponga en peligro la salud o que deje al trabajador incapacitado para poder mantener a su familia no es un empleo decente.
2. LAS NORMAS Y LOS PRINCIPIOS Y DERECHOS FUNDAMENTALES EN EL TRABAJO SON UNA CARGA PARA AVANZAR EN LA GLOBALIZACIÓN.
¡Falso! Vivimos en un mercado global altamente competitivo donde los trabajadores y trabajadoras se enfrentan a presiones constantes para cumplir objetivos, plazos y cuotas. La globalización, junto con muchas ventajas, también ha aportado una creciente inseguridad, incertidumbre, subcontratación de trabajo y la posibilidad de trabajar fuera de las fronteras nacionales con leyes distintas en cada lugar.
Para asegurarnos de que los trabajadores/as estén protegidos y sean tratados de manera justa, necesitamos el reconocimiento y la aplicación efectiva de las normas internacionales del trabajo sobre libertad sindical, igualdad, y trabajo forzoso e infantil. Se trata de compromisos compartidos que pueden combatir la incertidumbre, prevenir el dumping social competitivo y garantizar la igualdad de trato, responsabilidad y respeto, al tiempo que aportan un punto de referencia mundial respecto a la legislación laboral. Los derechos de los trabajadores/as deben convertirse en un punto de referencia para la industria mundial y para la buena gobernanza.
3. EL TRABAJO DECENTE YA EXISTE EN TODOS LOS PAÍSES INDUSTRIALIZADOS.
No necesariamente y, de hecho, en muchos países industrializados el programa de trabajo decente se considera obsoleto. No obstante, siguen existiendo enormes brechas sociales dentro de algunos países, donde aún hay retos que superar respecto a la discriminación contra la mujer y contra los trabajadores migrantes, continúan produciéndose ataques a los derechos sindicales en numerosos países, y persisten sectores y países donde el diálogo social entre la patronal y los trabajadores es inexistente.
Se necesitan más y mejores puestos de trabajo en los países industrializados, y parte del trabajo decente es garantizar también la formación, el reciclaje profesional, el progreso social, una seguridad básica y derechos para todos los trabajadores/as, como parte de la dimensión social de la globalización.
4. EL PROGRAMA DE TRABAJO DECENTE NO ES RELEVANTE EN LOS PAÍSES EN DESARROLLO A CAUSA DE LA EXTENDIDA ECONOMÍA INFORMAL
¡Falso! La mitad de la población de África vive en la más extrema pobreza, con apenas US$1 al día y los mercados laborales africanos se caracterizan por una considerable economía informal urbana y una enorme fuerza laboral rural. La mayoría de estos 300 millones de personas no consiguen mantenerse y mantener a sus familias pese a tener una ocupación.
Los retos de conseguir una vida decente son quizás aún mayores en los países en desarrollo, y algunos de los obstáculos existentes provienen de las relaciones internacionales, otros de dentro del propio país. La promoción del trabajo decente para todos en los países en desarrollo creará nuevas oportunidades sostenibles para hombres y mujeres de manera que puedan trabajar de forma productiva, reciban unos ingresos regulares y sus derechos estén protegidos, contribuyendo en última instancia a la lucha contra la pobreza. El trabajo decente en todas sus formas puede ayudar a establecer un modelo de desarrollo más inclusivo socialmente y económicamente dinámico.
5. EL MERCADO DE TRABAJO EN NUESTRA ECONOMÍA GLOBALIZADA NO ES COMPATIBLE CON EL TRABAJO DECENTE.
En realidad, debemos darle una cara humana a la economía globalizada. Una competición cada vez mayor, cambios económicos y sociales acelerados y la mejora de la productividad en una economía controlada por el mercado no conducen automáticamente a la inclusión social, ni crean una vía para el desarrollo sostenible.
Las consecuencias sociales de la globalización pueden resultar adversas si los trabajadores y trabajadoras no luchan por obtener y promover igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en el marco del Programa de Trabajo Decente de la OIT: la promoción de derechos en el trabajo; empleo; protección social; y diálogo social. El desarrollo sostenible y el trabajo decente para todos deben convertirse en parte integral de la globalización, para lograr un acceso en pie de igualdad al empleo, con equidad y dignidad humana.
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